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Pasadas las ruinas de la ciudad visigoda de Begastri, por un camino bordeado de Albaricoqueros, se llega al Escobar, pequeño caserío donde se encuentra el Restaurante La Almazara.
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Ocupa el espacio de un antiguo molino de aceite del que se converva las zafras grandes y chicas, las cántaras metálicas, el molino que reemplazó a las piedras y demás maquinaria. Zócalo de azulejo, suelo de barro tratado y paredes de tirolesa contrastan con las colañas del envejecido techo fruto de los vapores del proceso de elaboración del aceite.